La más bella fantasía
Fue siempre –lo es hasta ahora-
Una patria más lectora,
Que crea en la poesía.
Que apague la hipocresía
-Televisada basura-
Y salga con sabrosura
A recorrer la avenida,
A ser parte de la vida,
A disfrutar la cultura…
La más bella fantasía (Eduardo Peralta)
Dentro de un siglo, amigo…
Dentro de un siglo, amigo, ya estaremos
bajo tierra, por fortuna, todos.
No hay que apurarse, pues; gozar el día
es lo mejor, sin inquietud alguna.
Si hay azul y buen sol, el alma entera
florecerá de amor y de alegría;
si el cielo esta nublado… buscaremos
la tristeza más cómoda al espíritu.Perfecciona tu modo dulcemente;
y pon en cada cosa, lo adecuado.
Una triste dulzura ante la muerte
y una alegría mansa en lo dichoso…
Exclama: ¡Hermoso sol! –en esos días
sonoros del verano. En el invierno:
–¡Cuánta melancolía en esos valles,
sobre esos montes que cubrió la nieve!…
(Alonso Quesada -entraido de “El lino de los SUEÑOS”-)
Tierras de Gran Canaria
Tierras de Gran Canaria, sin colores,
¡secas!, en mi niñez tan luminosas.
¡Montes de fuego, donde ayer sentía
mi adolescencia el ansia de otros lares!…
Campos, eriales, soledad eterna;
–honda meditación de toda cosa—.
¡El sol dando de lleno en los peñascos
y el mar… como invitado a lo imposible!
¡Todos se han ido! Yo, desnudo y solo,
sobre una roca, frente al mar, aguardo
el mañana, ¡y el otro!…
¡Horas amadas
no nacidas aún! Ansias secretas
de esa perfecta orientación humana…Tierra de amor, en lejanía –siempre
llena de luz para mis ojos crédulos–,
en esos campos sin color, mi alma
tiene el eco engañosos del Desierto…En el azul están mis ideales
tan invisibles como las estrellas
en este atardecer… ¡Y sin embargo,
ahí brillando están eternamente!
Campos de Gran Canaria, sin colores,
¡secos!, en mi niñez tan luminosos…
¡Montes de fuego, donde ayer sentía
mi adolescencia el ansia de otros lares!…
Soledad, aislamiento, pesadumbre…
El corazón siempre en un pequeño misterio
y el alma sobre el mar ¡blanca!… ¡El velero
que no pasa jamás del horizonte!…(Alonso Quesada)
Castillos de palabras
Aquí andamos de nuevo en este mundo de palabras dispares, sedientas de la vitalidad ausente, de una presencia tan dispar como inesperada. Es éste un espacio abandonado al azar, sin destino y propósito efectivo o concreto, así tal y como debiera interpretarse la vida misma, o quizás no.
Las palabras van y vienen, esclavizan y seducen, angustian y mitigan las penas, dan felicidad y armonía… percepciones que ceden sutileza a la expresividad de un susurro, un viento quizás marchito pero aún persistente. Lejanos son los agudizos defectos e imperfecciones que hacen buenos todos los sentimientos, placeres y deseos que la propia naturaleza es capaz de transmitir.
Cual fiebre que discurre por las venas del paraíso utópico, aún me permito las licencias de una escritura personal e interpretativa distante, lejana e incomprensible. Palabras que pudieran ser manipulables, corazones guiados por la visión de una objetividad demasiado parcial para ser considerada, una complejidad tan simple como un juego de palabras basado en el silencio de dos miradas, ojos que no se observan pero se aprecian más allá de toda superficialidad, castillos atemporales de un sueño labrado con la alevosía de un destino incierto y fugaz, tan fugaz como la vida misma.
Niños dormidos que se dan por vencidos…
Me pide el minutero de la más profunda carencia temporal, un poema de mi puño y letra, un grabado de dossieres anestesiados, de falsas ausencias, de palabras sueltas…
A menudo las palabras inexpresables corren el riesgo de ser tergiverzadas en rigurosas rimas, en un maremagnum de falsa moralidad, una hipocresía linguística que obliga al alma a expresarse de forma ordenada, sistémica, como de si cuadricular el espíritu se tratase.
Como negar la evidencia acerca de la vida misma, de cómo el camino es tan atemporal como impracticable. Es como si una piedra quisiera ser inerte para toda su existencia, como si negando la aleatoriedad implícita de la propia naturaleza, ésta fuera a escapar al extraordinario caos del orden natural.
Las reglas, el orden, la justicia, como si todo figurara como un juego basado en el cautiverio de las almas libres, aprisionadas más allá de la simple ley universal, sedosa frontera que escapa a las fuerzas físicas que definen las vidas que se atrincheran en falsas e ilusas creencias. Acaso no basta con saber que nuestra única limitación es la de una vida terrenal sujeta a este planeta, a un oxígeno e hidrógeno que danzan armoniosamente para dar alegre colorido a nuestra presencia.
¿Por qué tanto escandolo?¿Por qué tanta pasión hacia lo superfluo? ¿Por qué? ¿Para qué?
Capitaneando un navío
Hubo una época en la que las palabras salidas del alma eran reconocidas por la estela del tono armonioso de una batería afilada, un guitarreo ajustado a la voz ronca de un sentimiento demasiado profundo para ser expresado. Una vez, hubo una época en la que el saber de los silbidos supo marcar el ritmo del no, no, noooo…. tal vez sí.
He aquí una de tantas voces, ruidosas como la que más cuando por meta toma dicha tarea, parsimoniosa cuando la gesta es la de guardar silencio. Oscuros son sus pensamientos ante ojos desconocedores de una realidad trivial, simple apariencia irreal, temerosa volatidad capaz de no aceptar la virtuosidad de la discordancia, estela de un navío que transita en círculos. Un capitán conciente del destino, de la dirección de su navío, un capitán con instrumentos de abordo intencionadamente malogrados, erronéamente configurados para merodear la centrífuga esfera de la más sensata lógica humana.
El hombre y la mar
¡Para siempre, hombre libre, a la mar tu amarás!
Es tu espejo la mar; mira, contempla tu alma
en el vaivén sin fin de su oleada calma,
y tan hondo tu espíritu y amargo sentirás.Sumergirte en el fondo de tu imagen te dejas;
con tus ojos y brazos la estrechas, y tu ardor
se distrae por momentos de su propio rumor
al salvaje e indomable resonar de sus quejas.Oscuros a la vez ambos sois y discretos:
hombre, nadie sondeó el fondo de tus simas,
tus íntimas riquezas, oh mar, a nadie arrimas,
¡con tan celoso afán calláis vuestros secretos!Y en tanto van pasando los siglos incontables
sin piedad ni aflicción vosotros os sitiáis,
de tal modo la muerte y la matanza amáis,
¡oh eternos combatientes, oh hermanos implacables![Charles Baudelaire]
Mi osadía inmoral
Me acerco y me miras,
suspiro un deseo,
pero aún así te retiras.No se qué te veo,
sólo siento que me miras,
pero en cambio no creo.Oh, mi dulce mirada,
ajena a mis anhelos,
si supieras de desvelos,
cuanta fortuna dada.Oh, mi bella sonrisa,
cuanta tristeza en tu mejilla,
corazón despojado de su silla,
¡cómo bailar esta isa!.Preferiría contemplarte de forma firme,
sin la ausencia de un escondite,
tierno y puro alcanzarte el rostro siempre,
no sin ello amarte sin quite.Ojos de eterna armonía,
que recubren mi tardanza,
reposo de extraña confianza,
delito de mi inmoral osadía.
Llanuras de una heroicidad sin historia
De la nada o del todo, de algún lugar hay que partir. Hemisferios de rojo candor, de tierna mesura y ojos envenenados por un cansancio tardío.
La rima sin versos es como una muerte sin alma, como un indecoroso paseo por las llanuras de una heroicidad sin historia.
La belleza emanada de la hermosura de lo virtuoso, de la creación, basada en la conjetura, vigor y semántica, de espíritu ingenioso.
Ya sea remanente del Nara o la simple presencia de la anchusa itálica, rapaces filamentos de rocoso caparazón.
En celo o en huída, el avispado y elegante ave señorial, de noble vuelo y sagaz ingenuidad, se bate entre espadas de cortante tinte, amargura de suave tacto y gusto dulce.
Palabras con rima o sin ella, pero al fin palabras sin romance, sin estima, sin deriva. Vocablos de la gramática ausente e intransitiva, perenne sólo en el recuerdo de la ignorancia, vida indefinida de sentimientos no expresables, imprecisos en cuanto no haya corazón en flor, sino tintero engañado.