Hiere verso a verso la mas dulce armonia, cenicienta de dorada infinitud. La eternidad, efimera tal y como la contemplan estos ojos, es un alma sonora que se atenua con el devenir de unos dias fugaces en suspiros.
Parco ruisenyor, torpe en el amago de quien no dribla el subyacente de los suenyos. Esporadica la vision de un amanecer ausente, siervo y fiel lacayo de una oscuridad atormentada.
Destino incierto de cuyo reflejo mas tenue es la esperanza, una fe otrora omnipresente. Magia que envuelve el universo, centro fugaz de un horizonte lejano pero vivo.
He ahi donde la ausencia enmascara las lineas de pudor, un asombro fertil entre ilusiones compartidas. He ahi donde nace la exquisita arrogancia de unos versos que aun han de precipitarse sobre este fondo blanco y puro.